Vana Felicidad

Por Josué Isaac Muñoz Núñez

A veces quisiera ser feliz. Feliz como el empleado que sale en la noche del trabajo y sabe que llegara a casa y verá a sus hijos. Que se sienta en la mesa y espera ansioso un plato humeante de guisado. Que despide a sus hijos en la cama y espera la caricia negada de su amada. Quisiera ser feliz como aquellos que agotan su vida en el trabajo, que cumplen horas extras: una tras otra sin descanso, con los párpados hechos polvo ante una computadora, llenando formas y datos en la espera de un jugoso cheque. Feliz como los jóvenes que se embriagan y ríen, que se retan y gritan, que pelean y lloran. Feliz como aquel que se endeuda en el banco por celebrar la sonrisa de su hijo o la salud de su madre. Feliz como aquel que mira a través del vidrio anuncios de viajes a islas de arena blanca. Feliz como todos esos seres que dicen ser felices pero que no lo son. Feliz como mi madre o como mi padre, que después de treinta años juntos ya no se toleran. A veces quisiera ser feliz como el obispo o el pastor que los domingos nos dice cómo evitar los pecados y ganarnos el paraíso. Ese sitio pleno de una felicidad amarga. Quisiera ser feliz y tragar plomo, un disparo, dos o tres, no sé, nunca me daría un tiro. Feliz como los políticos o los actores de Hollywood que siempre tienen esa puta sonrisa que les llena la cara. A veces quisiera ser feliz. Arder de alegría. Pero sólo a ratos.