Aristocracia y valores

La Ilustración fue un proceso histórico que desacralizo al universo. Ya no hay concepto alguno que dé sentido de totalidad a la existencia. Los conceptos de Dios, Verdad, Justicia perdieron su brillo dejando de ser valores universales. El conocimiento que propone la ilustración debe fundarse en el testimonio de nuestros sentidos. Todo lo que no tuviera relación a éstos o pudiera ser verificable, se juzgaba de supersticioso o pseudoproblema. Los conceptos inmateriales de Dios, alma, libertad, y sus derivados lo bueno, lo justo y lo bello en sí, fueron desplazados a cuestiones lingüísticas. La idea de Dios como ser infinito y perfecto, se originó al negar lo finito por medio del prefijo in, e imaginarse que hay algo infinito, que sustenta a este mundo y que es más perfecto que esta realidad corruptible. Estos conceptos se fundaban en el uso inadecuado del lenguaje o una serie de silogismos de la razón que no tenían asidero fijo. No hay diferencia entre las elucubraciones de un loco y los silogismos de cualquier hombre al no haber más referencia que el pensamiento abstracto mismo.

La Ilustración desterró todo conocimiento huero de la razón humana. Este proceso histórico Horkheimer y Adorno lo llaman de desencantamiento:

  La Ilustración, en el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad. El programa de la Ilustración era el desencantamiento del mundo. Pretendía disolver los mitos y derrocar la imaginación mediante la ciencia[1].

El conocimiento para la Ilustración se funda en el método científico. Pero sobre todo, ha desterrado la idea de que el mundo en que vivimos es una ilusión, y de que otra realidad más real y superior fundamenta y sustenta a nuestra realidad “ilusoria”. El desencantamiento del mundo o desacralización, pues elimina todo aspecto sacro o místico del mundo, niega que haya una realidad suprema que dé sentido y valor a nuestro mundo. Se desacraliza la idea de que un valor como lo bueno tenga realidad por sí y en sí: no existen los actos buenos o malos por sí mismos. Los conceptos de lo bueno, lo justo, el alma no son conceptos dados de una vez y para siempre, son históricos, sociales y culturales. No hay realidad superior a la que vivimos, así como tampoco hay conceptos que provengan de esa realidad superior.

La desacralización del mundo puede llevarnos a pensar que todo es relativo, pues no hay un punto fijo del cual asirse; pareciera que nuestra realidad se reduce a lo que cada uno quiere, desea o imagina, y que cada cual puede tener su verdad, ya que, al no haber conceptos “universales-unívocos” como un único concepto de bien, todo acto puede ser bueno y malo a la vez. Sin embargo, esto no es así, no porque deje de existir la idea de un valor supremo, deja de haber valorización. El ser humano es un ser que valora, juzga, jerarquiza. Y  hay concepciones que se imponen a nuestro modo de ser y pensar de manera inconsciente. En otras palabras, los conceptos se introyectan imperceptiblemente y los tomamos como valores totales o parciales, pero están y existen sin darnos cuenta de su origen.

Nietzsche en la genealogía de la moral escribe una respuesta al problema de lo relativo de los valores, partiendo del ejemplo de que un ser superior, como Dios, daría sentido y valores en sí:

 

Tanto mi curiosidad como mis sospechas tuvieron que detenerse en el momento preciso ante la pregunta de cuál es realmente el origen de nuestro bien y mal. De hecho, el problema del origen del mal me perseguía ya cuando era un mozalbete de trece años: a él, en una edad en la que se  tiene <mitad juegos de niños, mitad  a Dios en el corazón>, dediqué mi  primer juego literario infantil, mi primer ejercicio de caligrafía filosófica, y,  en lo que respecta a la <solución> del problema llegue entonces, le tributé ese honor a Dios, como es justo, y le hice el  padre del mal[2].

 

Tanto el bien como el mal al proceder de un ser superior, serían conceptos que regirían a nuestro mundo “ilusorio”. No habría discusión sobre el origen y el cómo surgió tal valor, sino investigación sobre cómo este valor se entiende en su perfección y cómo llevarlo a nuestro mundo no perfecto. Pero la ilustración, al quitarle al mundo su origen sagrado, permite repensar el origen de los valores. Éstos ya no procederían de un ser supremo, sino de las relaciones históricas, sociales y culturales de los hombres. Pero cómo se habían fundado estos valores en un principio: ¿Un hombre cualquiera decía esto debe ser así y convencía a los demás por argumentos? No, la argumentación, el diálogo y la democracia, como ideas para el consenso entre los individuos es muy posterior a la fundamentación de los valores morales. Los valores surgieron del dominio de una voluntad sobre otra, y todo valor derivaba del dominio de un hombre sobre otro.

El mundo al no tener un origen divino, y tampoco los conceptos y las relaciones morales de lo bueno y lo malo, éstos debían ser originados de algún otro modo. El negar que hay valores en sí o conceptos que valen por sí mismos y que tienen una realidad absoluta, no niega que haya valores que se sobrepongan y dominen al hombre. Los valores no dependen sólo del deseo o la imaginación, tienen también que ver con relaciones de fuerzas. Nietzsche así como su maestro Schopenhauer, sabían que el mundo no es únicamente razón, sino también voluntad: una fuerza vital e irracional que se desborda en todo ser viviente; tanto así que incluso la razón se deriva de la voluntad, que es voluntad de poder:

 

“La «voluntad», naturalmente, no puede actuar más que sobre la «voluntad» -y no sobre «materias» (no sobre «nervios», por ejemplo -): en suma, hay que atreverse a hacer la hipótesis de que, en todos aquellos lugares donde reconocemos que hay «efectos», una voluntad actúa sobre otra voluntad, – de que todo acontecer mecánico, en la medida en que en él actúa una fuerza, es precisamente una fuerza de la voluntad, un efecto de la voluntad. – Suponiendo, finalmente, que se consiguiese explicar nuestra vida instintiva entera como la ampliación y ramificación de una única forma básica de voluntad, – a saber, de la voluntad de poder, como dice mi tesis -; suponiendo que fuera posible reducir todas las funciones orgánicas a esa voluntad de poder, y que se encontrase en ella también la solución del problema de la procreación y nutrición – es un único problema -, entonces habríamos adquirido el derecho a definir inequívocamente toda fuerza agente como: voluntad de poder. El mundo visto desde dentro, el mundo definido y designado en su «carácter inteligible», – sería cabalmente «voluntad de poder» y nada más”[3].

 

Toda voluntad es una expresión de fuerza o la falta de ésta, puede haber voluntades fuertes o voluntades en extinción y, por lo tanto, débiles. Al no haber punto fijo en los conceptos o en los valores y al no haber verdad que se demuestre a todos por igual, ésta tuvo que imponerse de cierta forma. El origen de los valores no se dio por su realidad metafísica o teológica, sino de las relaciones de poder entre los hombres; surgen de la lucha de opiniones y discursos: los valores se fundaban cuando había un vencedor y éste se erigía como el creador del valor.

En un principio, esas relaciones sociales o humanas eran sólo físicas: una raza de hombres más fuerte dominaba sobre otros hombres más débiles. Las discusiones o disputas verbales para fijar un concepto no tenían existencia, todo se hacía físicamente. Incluso las palabras disputar y debatir  tiene un sentido de batalla aunque sea verbal. Y en el diálogo, aunque parezca que exista igualdad entre los participantes, sucede que hay lucha de fuerzas donde una busca imponerse, el mismo preguntar, argumentar y convencer es la muestra de una lucha dialógica.

He dado a entender con qué podía repeler Sócrates: pero, con razón de más, queda por explicar que fascinó. Que descubrió un nuevo tipo de certamen, que fue el primer maestro de esgrima de él para los círculos nobles de Atenas: esto es lo primero que hay que decir al respecto. Fascinaba tocando la fibra sensible de la pulsión agonal de los helenos, trajo una variante de a la lucha libre entre hombres jóvenes y muchachos. Sócrates era también un gran erótico. 

Volviendo al tema, al comienzo de la historia humana, la imposición de los valores era físico más que argumentativo: el vencedor era el que fundaba los valores, porque sobreponía su voluntad a a la de los otros: 

“¡Digámonos sin miramientos de qué modo ha comenzado hasta ahora en la tierra toda cultura superior! Hombres dotados de una naturaleza todavía natural, bárbaros en todos los sentidos terribles de esta palabra, hombres de presa poseedores todavía de fuerzas de voluntad y de apetitos de poder intactos, lanzáronse sobre razas más débiles, más civilizadas, más pacíficas, tal vez dedicadas al comercio o al pastoreo, o sobre viejas culturas marchitas, en las cuales cabalmente se extinguía la última fuerza vital en brillantes fuegos artificiales de espíritu y de corrupción”.[4]

No había lo bueno en sí o lo malo en sí, sino hombres que dominaban a otros y les obligaban a aceptar ciertos valores, tal como se hacía cuando un pueblo conquistado adoptaba los dioses de los conquistadores. Los amos eran los que valoraban, los esclavos los que obedecían. Nietzsche usa la palabra aristócrata para referirse a los dominantes, porque estos eran los mejores anímicamente, pues los otros ya no tenían fuerza o no la tuvieron para no ser dominados.

La palabra aristocracia que se compone de las partículas aristo, la excelencia, y cracía, gobierno, muestra que una fuerza vital es mejor, no por una cualidad metafísica sino por una cualidad inmanente a su propia fuerza; es decir, una voluntad fuerte y sana buscará mejorarse, superarse, en cambio, una débil sólo sobrevivirá adecuada a su límite, no buscará superarse.

La aristocracia entendida, como la casta que funda lo mejor, no es de un solo tipo, ni tampoco valora de una sola forma; podemos distinguir dos principalmente que se contraponen: la aristocracia guerrera y la aristocracia sacerdotal. La primera es una aristocracia que se impone por la fuerza y sus valores son de vitalidad. La segunda es una aristocracia espiritual, y funda su distinción de valores en la pureza de vivir. La aristocracia sacerdotal jerarquiza a partir de las distinciones y diferencias del espíritu. En cambio, la aristocracia guerrera, a partir de la distinciones que ejerce en su dominio real. Digamos que la diferencia entre ambas radica en que la sacerdotal establece una diferencia metafísica, y la guerrera una diferencia inmanente o vital:

“Los juicios de valor caballeresco-aristocrático tienen como condición previa una poderosa corporalidad, una salud floreciente, rica, incluso desbordante, junto con lo que es la causa de su conservación: la guerra, la aventura, la caza, la danza, los juegos de lucha y en general cuanto implique  un obrar fuerte, libre y con ánimo alegre. El modo de valoración sacerdotalmente noble tiene —ya lo vimos— otros presupuestos”.[5]

Estos presupuestos son:

“El <puro> es, desde el comienzo, meramente un hombre que se lava, que se prohíbe determinados  manjares que acarrean enfermedades de la piel, que no se acuesta con las sucias mujeres del pueblo bajo, que siente repugnancia por la sangre: ¡no más, no mucho más!”[6]

 La aristocracia sacerdotal basa su modo de vivir en distinciones rituales o espirituales: no come ciertos alimentos, realiza ciertas prácticas lavatorias, no se acuesta con mujeres vulgares. En cambio, la aristocracia guerrera marca las distinciones por la fuerza con que actúa y su deseo de actuar así. Para la aristocracia guerrera lo importante no son los ritos sino los actos, ellos no justifican su actuar por medio de ritos o creencias que median la acción y su fin como la casta sacerdotal, sino por acciones propias y directas.

Sin ahondar en las distinciones aristocráticas, y en el desarrollo e importancia que tuvo cada una para la moral posterior(Edad Media, Modernidad), podemos preguntar ¿por qué Nietzsche le interesa tanto esta diferencia? y ¿cómo los valores se fundan a partir de estas aristocracias?

Como ya dijimos al principio, la desacralización del mundo exige una investigación no metafísica de la realidad, sino inmanente, o social-histórica-cultural. La voluntad en el ser humano se racionaliza: se puede explicar y observar su desarrollo consciente o inconsciente. La voluntad no está dirigida de antemano por un Dios o por alguna idea absoluta, surge de sí misma Pero el ser humano, y en especial, el filósofo como ser que puede medir y cuantificar la voluntad, puede comprender su desarrollo o agotamiento. No hay que entender por medir y cuantificar, sólo la científica con instrumentos o medidores, como si tuviéramos una regla que midiese cuánta voluntad hay en alguien, sino la capacidad del pensamiento para observar, analizar y racionalizar los procesos históricos. Por eso mismo, Nietzsche se basa en la historia de la humanidad para mostrar que el origen de los valores no se origina en el decálogo de Moisés o las enseñanzas del antiguo testamento, sino en la lucha de voluntades entre la casta guerrera y la sacerdotal.

Pero ¿Cuál de las dos castas surgió primero? Sin caer en metafísicas de un origen primordial, podemos decir que la casta guerrera, porque es activa, y esta casta genera un valor por su propio actuar. ¿De dónde le surge esta fuerza para generar un valor? De su propia naturaleza de dominio, no hay detrás de ésta algo más. Si no hay valor en sí, y tampoco realidad en sí, superior y más real que la empírica, el valor debe tener una realidad que se imponga por sí misma. La aristocracia guerrera es mejor, no por su esencia sino por su fuerza con que dice sí a sus valores:

“Bien es cierto que en la mayor parte de los casos quizá toman su nombre sencillamente de su superioridad en poder (como <los poderosos>, <los señores>, <los que mandan>), o de la marca más visible de esa superioridad, por ejemplo <los ricos>, <los poseedores> (este es el sentido de arya; y de modo análogo en el iranio y en el eslavo). Pero también de un rasgo típico de su carácter: y este es el caso que aquí nos importa. Se llaman,  por ejemplo, <los veraces>: por delante de toda la nobleza griega, cuyo portavoz es el poeta megárico Teognis”[7].

No se puede fundar un valor, o un concepto que domine el comportamiento del ser humano, por medio de argumentos o silogismos solamente, éstos deben tener vigor. La casta sacerdotal es una casta derivada que funda sus valores no en la acción sino en la reacción, es decir, a partir de transformar los valores de bueno y malo. El  aristócrata-guerrero, dice que esto es bueno porque él lo quiere así y así lo realiza. El aristócrata-sacerdotal, entonces reacciona y niega que lo bueno sea lo que hace el guerrero, lo describe como malo, porque él no puede fundar por sí mismo los valores. El sacerdote distingue como bueno todo lo que contravenga a la casta guerrera, y por lo tanto, es malo lo que hace éste. El sacerdote es una fuerza reactiva que a partir de un valor dado actúa.

La casta sacerdotal es pasiva: ella no impone valores, ni los funda, sino que los modifica o transforma. El origen de los valores no puede provenir de una actitud pasiva que sólo se vuelve activa cuando hay ya un valor fundado; en consecuencia, lo primordial fue un valor activo.

Por eso mismo, los valores no se fundaron en una democracia, porque ésta es mediocre en el sentido de que no se acepta lo mejor, sino lo que la comunidad cree que es mejor, y lo mejor para la comunidad no siempre es un valor activo. Traduciéndolo, muchas voluntades oponiéndose e integrándose para formar una unidad de Estado como en la democracia, contienen a castas sacerdotales, guerreras y castas sin fuerza o débiles ya totalmente; cuando en una democracia se piensa en elegir lo mejor para la comunidad no podemos ver transparentemente si será un valor activo o pasivo-reactivo. Si es activo, buscará mejorarse y superarse; si es pasivo, esperará que algún valor sobresalga y ese valor lo criticará haciéndolo malo, siendo que éste valor puede ser mejor para la comunidad. En la democracia tanto puede mandar el aristos, el mejor, como el vulgus, lo bajo, o lo que niega reactivamente. Así, en una democracia, el poder estaría tanto en manos de una persona mediocre como una aristos. El valor activo tiene la cualidad de ser un valor no rencoroso; el reactivo que todo valor es negativo, haciéndolo perjudicial sin serlo necesariamente.

Como vemos el mundo no se cae a pedazos si no hay Dios o dioses, al contrario, éste se torna demasiado interesante para el estudio de la filosofía. Además, se muestra la importancia de la aristocracia guerrera entendida como la cualidad activa que da valores sin necesidad de un valor supremo. Hay que destacar que la actividad puede estar errada, pero no niega por negar ni tampoco es rencorosa, trayendo consigo el rencor a todo valor, pues, si todo se fundara por reacciones no habría valor alguno que tuviera fuerza para mantenerse a las críticas y negaciones de la reacción. La fuerza de los valores guerreros que se fundaron principio de los tiempos son tan fuertes que la reacción sacerdotal no los ha exterminado; e incluso, la permanencia y dominio de los valores sacerdotales les debe su fuerza de la reacción contra la moral guerrera. Digamos que mientras más claro y pulido sea el espejo de los valores guerreros, más fuerte será el reflejo de los valores sacerdotales. Tampoco puede haber una aniquilación total de los valores de la casta guerrera, porque no tendría sobre que reactivarse la casta sacerdotal; ésta permanecería quieta en sí.

 

Para concluir, diremos que el origen de las castas no es hereditario o monetario, sino inmanente al instinto y fuerza del hombre. La aristocracia como clase política puede contener castas de rencorosos sacerdotes, así como en el pueblo puede haber alguien con la suficiente fuerza para superarse a sí y a los demás en la sociedad. Por lo tanto, la aristocracia como clase social, la burguesía y el proletariado, no tienen su origen en una fuerza inmanente sino en leyes y modos de producción material y explotación de la fuerza de trabajo. Son clases derivadas de fenómenos distintos. Pero esto corresponde a otro tipo de investigación.

[1] Adorno, Theodor. Dialéctica de la ilustración. Editorial Trotta, Madrid, 1998 p.59

[2] Nietzsche, Friedrich. La genealogía de la moral. Editorial Alianza, Madrid, 1996, p. 25

[3] Friedrich, Nietzsche. Más allá del bien y del mal. Editorial Alianza, Madrid, 2005 p.70

[4] Ibíd. 71

[5] Ibíd. P. 50

[6] Ibídem. P. 50

[7] Ibídem p.20

Próximamente la compañía “peritas en dulce” nos sorprenderá con la presentación de su ópera prima La Chica Superrevoltosa

La Chica Superrevoltosa, ópera prima de la compañía Peritas en Dulce, estrenará en Teatro-Bar El Vicio

 

Ciudad de México.- Con el apoyo de Las Reinas Chulas S.A. de C.V., la compañía de teatro cabaret Peritas en Dulce se complace en presentar su ópera prima La Chica Superrevoltosa. La historia de cualquier pueblo “muy, muy lejano” en donde no conviene… Perdón… Donde por-libre-elección los habitantes renuncian al placer, a su identidad, entre otras cosas así de pequeñitas, hasta que una chamaca liosa se entromete. Son cuatro los disparatadxs que, sin decir “agua va”, se dan a la tarea de contárnosla: Emma Vieyra, Sergio Carazo, José Valentín y Uriel León. Ellxs escribieron, gestaron, parieron y actúan este espectáculo bajo el cobijo de Teatro-Bar El Vicio y Las Reinas Chulas, quienes dieron el dulce a estas Peritas para poder cabaretear la mutilación del gozo y (de paso) el de la libertad.

Peritas en Dulce es una joven compañía que presenta su ópera prima en la catedral del cabaret en México. Sus integrantes son egresadxs de las principales escuelas de teatro de la CDMX. El género los reunió en 2016 en el Taller de Cabaret que imparten año con año las maestras Cecilia Sotres (Las Reinas Chulas) y Paola Izquierdo, en el Teatro Helénico.

La Chica Superrevoltosa estrena el 3 de junio en Teatro-Bar El Vicio (Madrid #13, entre Aldama y Centenario, col. Del Carmen, Coyoacán), presentándose todos los domingos del mes a las 19:00hrs. Tiene una duración de dos horas aproximadamente, con un intermedio de diez minutos. La iluminación del espectáculo corre a cargo de Alita Escobedo, con la asistencia de Paris Ramos; el diseño de imagen es de Cynthia Gutiérrez, el diseño de logo es de Jaime González Solís y las fotografías son de David Ospitia.

El precio del boleto es de $200 M/N, con 30% de descuento a estudiantes, maestrxs e INAPAM, el cual se hace válido directamente en taquilla una hora antes de la presentación mostrando las credenciales vigentes. La preventa de boletos se puede realizar a través de http://www.elvicio.com.mx, dehttps://boletopolis.com y en la taquilla del teatro hasta un día antes del evento, en horario de martes a sábado de 12 a 20 horas, contando con un 15% de descuento. El lugar cuenta con vallet parking.

Brody

Son 45 pesos del libro, brody. Era de mi biblioteca personal, de cuando estudiaba en el CCH Naucalpan. Ahí tengo más sólo que no los he sacado. Mira, en ese entonces nos hacían leer un chingo, carnal. Te calificaban con participación y disertaciones, pero para ello necesitabas saber, no sólo hablar a lo pendejo. Te cuento que yo fui de la generación del 77, otro pedo. Recuerdo que teníamos una maestra bien chula que nos daba comunicación y nos decía, que a su clase se venía a estudiar no a marihuanearse, ya afuera uno podía ponerse hasta la madre. Uno tenía que estar al tiro.

En ese entonces, compré un buen de libros. Iba con los vendedores y les decía “hazme un descuento, ¿no?” y ellos me preguntaban “¿cuáles te vas a llevar?”, y yo de, “este, ese, aquel y este también”, “ya estás”, me decían y sobres pues. Un libro te costaba 300 o 500 pesos y tenía más ceros la moneda, era todo un lujo.
Antes el sistema era bien pesado, brody. La tira llegaba y te golpeaba, aunque no estuvieras haciendo nada. Llegaban y tras, tras, y luego te decían “¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas?” y uno decía, “pues por ahí hubiera empezado, no mames”. Te golpeaban y luego preguntaban, tenías que ponerte a las vivas, estar vergas. Cuando te dejaban ir y te decían “Ya váyase joven”, uno se las recordaba: “Gracias, oficial: chingue su madre”, y le hacías güevos sutilmente. “Hola señito, buenas tardes, cuidado donde pisas pequeñito, adiós.”

Por ejemplo, estábamos en la calle y veías a la tira en la otra esquina y tenías que moverte. Era la época del desmadre. En la escuela nos ensañaban lo que era la cultura, entre comillas, y la contracultura. En esa época me uní a unos grupos de protesta. En las reuniones escolares mandábamos a chingar a su madre al sistema pero con bases. Los profes te decían, “pónganse vergas”, y te daban las armas: los libros, la educación. Yo no quería dinero sino conocimiento. Sacaba copias y les decía a mis compañeros “quieren copias, pues cáiganle”, juntaba una lana, compraba el libro y les daba las copias. Sí, o sino luego yo pasaba por los salones veía que habían dejado una mochila y a ver, si traía libros pues los tomaba, y ya luego la colgaba en la cafetería, “aquí la dejo por si vienen por ella”, les decía. Había otros que veían la mochila y decían presta y tomaban todo, pero yo para qué quería plumas, cuadernos, no, lo que yo quería eran libros.

Te digo, lo importante era conocer para mandar a la chingada al sistema. En ese tiempo, y hoy todavía, era que si un poli te molestaba pues le cantabas un tiro. Le decías, “Pues qué, un tiro, tú y yo, así solos, con tu uniforme, no importa, si me madreas chido si yo te madreo no vayas de coñón” Sí, brody, un tiro limpio para ver de qué cueros salen más correas. Porque luego van por refuerzos y ya vienen todos de putos, y eso no es justo. Es lo que falta ahora en México, alguien que sepa dirigir, alguien que se alce y diga tú por acá, tú por allá y tú allá. Que nos pongamos vergas, porque nos están jodiendo los diputados, lo gobernadores, los alcaldes. Es ponernos al tiro, y pues saber que uno puede valer madres, no nada de “es que mi familia”, es levantarse y organizarnos.

Espera, que me están llamando. “Sí, bueno, ajá. Va, ahora voy.” Es mi vieja. Bueno, entonces luego pasas, yo abro como a las once, vienes y te paso otros. El otro día le compré unos como… mil libros a una señorita, que según su tío, creo, es catedrático de la UNAM y se fue a Europa, algo así. Espera, me están llamando de nuevo. “Sí ya, qué no escuchaste bien. Ahora te marco.” Cómo chingan. Ya pues, que la morra me preguntó que si compraba libros y yo pues sí, fui a su cantón y no ma, un chingo de libros: doce cajas bien atascadas armé. Con decirte que cuando las iba a subir al carro unas se desfondaron.

Si es bien bonito leer. De los que me traje encontré el de las Mil y una noches, chulada de libro, brody. Ya ves que la historia va de que al rey lo sanchan y que por odio a su primera esposa se casa con una para luego matarla, y luego vuelve a casarse con otra y la vuelve a matar, hasta que llega esta chava y le pide a su padre que es ayudante del rey que se lo presente para salvar a su hermana que se casará con él. Y ya llega y le empieza a contar historias para que no la maten, ¿no? Y ya al final de tantos cuentos que le cuenta, el rey la deja vivir.

Es bien bonito leer, brody. Volveré a hacerlo como antes ahora que arreglé mis lentes. Al chile, al que le guste chido, y al que no, pues ni modo. Espérame. “Bueno—cómo joden—, sí ya voy”. Bueno nos vemos, brody, que mi vieja me anda esperando.

Un gato muerto

Hace tiempo, cuando tenía doce años, me encontré un gato muerto. Estaba entre dos arbustos, arriba de la acera. Tenía los ojos abiertos y amarrillos. La boca semiabierta y las patas delanteras estiradas. Me sentía muy agitado, era una mañana muy calurosa. Lo moví con mi pie y estaba rígido como de piedra. No sé por qué, pero al verlo ahí entre la tierra y el pasto me dio ganas de recogerlo. Espanté las moscas que le rodeaban y lo cargué. Lo abracé fuertemente y lo llevé a casa.

En cuanto entré se lo enseñé a mi madre. Ella no entendía, me gritó que lo tirara a la calle. Tuve que huir antes de que lo metiera en una bolsa negra.

Regresé al parque con el cuerpo entre mis brazos, me pesaba como una losa. Al llegar, comencé a buscar un claro entre los árboles, para que le diera sombra y luz a su tumba. Cuando encontré el lugar perfecto puse el cuerpo en el suelo. Cavé con mis manos una pequeña fosa. Removí raíces y piedras, y al tenerla lista, lo coloque lentamente en el fondo.
Al ver al gato ahí, hundido en la tierra, quieto, no supe qué hacer. En esa misma semana dejé de creer en dios y no sabía qué decir. Lo mejor que se me ocurrió fue enterrarlo sin discurso, pero no quería. Sentía que algo faltaba. Cogí un puño de tierra y mientras se lo echaba le dije, disculpa a la persona que te haya atropellado. Tomé mas tierra y dije, doy gracias por la buena persona que te levantó de la acera y colocó en el parque. Tomé un poco más y le dije, disculpa a mi madre por haberte tratado como basura. Miré fijamente al cuerpo por bastante tiempo. Sentía que algo me faltaba. Terminé de enterrarlo, emparejé la tierra y dibujé una cruz en la tierra.
De inmediato, regresé a casa. No me había dado cuenta que ya había atardecido. Traía la ropa sucia de pelo, sangre y tierra. Un olor a podredumbre me acompañó todo el camino.

Llegué al anochecer. Al entrar, y cuando mis padres vieron mi ropa sucia y mis manos ensangrentadas me castigaron. Cerré con llave mi cuarto, no quería saber nada. Ese día no pude dormir. Me acosté sin cambiarme y esperé que amaneciera.

Reseña literaria de “En la luz en sus ojos”

Por Josué Isaac Muñoz Núñez

Hay algunos que piensan que la literatura es un escape de la realidad, un oasis al cual recurrir en los momentos de pesadumbre. Sin embargo, la literatura es mucho más que eso. La literatura no surgió para huir de la existencia, sino para comprenderla.

Javier Trejo en su libro “En la luz de sus ojos” 2015 ediciones Romel, nos muestra que la literatura no se aparta de la realidad sino que la asume y juega con ella. Trejo toma temas cotidianos como los rompimientos amorosos, una cena navideña e incluso la historia del origen de nuestros padres, y lo vuelve literatura. Asume la responsabilidad de que literatura y vida están vinculados, y que escribir es un acto arraigado a la existencia humana.

Con un estilo ligero y ameno, Trejo nos narra cinco historias donde se entrelaza el desamor, la traición, la esperanza y la venganza. Narraciones que nos hablan del monstruo que habita dentro de nosotros y entre nosotros; de lo relativo del tiempo y la memoria; de la narración dentro de la narración y la espera ansiada; de los celos, la venganza y el amor no correspondido; de los giros que da la vida y lo cerca que estamos de encontrar la felicidad.

En el primer relato hallamos la historia de un hombre que nos narra cómo fue caer del idilio y encontrar que nuestra vida está llena de ficciones en las que no sabemos quién es el monstruo del cuento. Una ingeniosa y mordaz inversión del Dr. Jekyll and Hyde, ¿Quién es el monstruo de la historia? ¿Cómo lo identificamos? Se puede entrever que el relato marca que nuestra vida se divide en dos: la persona que mostramos a los demás y lo que somos. No queremos vernos, olvidamos nuestro ser, lo resguardamos bajo mentiras que nos decimos a nosotros y a los demás. Olvidamos quiénes somos, no nos gusta hablar de ello. Asunto que el protagonista invierte pues sufre de una revelación al ver que lo que amaba no era tan bello. El relato nos cuenta la situación espiritual y corporal del protagonista, donde se ve que ya ha aceptado su condición y da cuenta que él no es el monstruo de la historia.

En el segundo relato encontramos que el tiempo y la memoria juegan un papel fundamental para la historia. Ambos elementos definen la vida de una joven enamorada e ilusionada. Ilusión que la hace retroceder en sus pasos hasta encontrarse con el suceso en que la esperanza deviene ilusión y se vuelve un paliativo para evitar la realidad. Ese deseo de no querer desvanecer las ensoñaciones pues es lo que nos hace continuar viviendo.

En el tercer relato vemos la figura del hombre que busca su lugar dentro de la familia, el retorno al hogar y a las raíces. Relato que nos muestra que la literatura oral, como en tiempos homéricos, contiene un aspecto mágico, de ritual, en el cual la gente rodea al poeta y lo escucha atentamente como si fuera a develar una gran verdad. El hombre para participar y ganarse su lugar en la comunidad debe contar un cuento que sea de su pura imaginación porque sus sobrinos ya conocen todos los cuentos que ha leído el protagonista. Pero también se observa cómo funciona la narrativa dentro de la narrativa tal como lo hizo Shakespeare y mostró en su Hamlet al teatro dentro del teatro. Lo importante no es el cuento que se contará dentro de la historia, sino todo lo que sucede alrededor del personaje y los motivos que lo llevan a contar el cuento.

En el cuarto relato nos encontramos con un México actual. Aunque las cinco historias transcurren en México, en éste y el quinto relato es donde se hace más obvio el lugar de la narración. Un México violento, crudo, desganado y reprimido. Relato que contiene un remolino de pasiones y deseos irrealizables: la frustración. Vemos en este relato una mujer que desea ser libre, pero para serlo debe dejar su situación de fémina: no es débil, no es un objeto, no es un premio. Ella sabe que es imposible que las cosas fueran de otro modo, está consciente de lo imposible de su amor. Dice ella que gusta de coleccionar hábitos y recursos, dentro de esos recuerdos hay una que no la deja libre. Da cuenta de lo difícil que olvidar, pero es consciente de que los fantasmas de la memoria sólo son un obstáculo para su libertad.

En el último relato encontramos una historia que va de la guerra cristera a los comienzos del México moderno y urbano. El relato se desarrolla en los paisajes de Oaxaca, Puebla y la ciudad de México. Relato que narra la historia de María Luisa: mujer-niña que nos recuerda que el país tiene grabado machismo en toda su historia. La historia está inspirada por  la vida misma de la bisabuela del autor. Es una historia cruda y sin mezcla de ideología: su fin es narrar un fragmento de vida y mostrarla tal cual es o era. Por lo que muestra una María Luisa como mujer sin voz ni voluntad; incluso en el relato se ve que olvida su nombre, incluso también se ve reflejada en las muñecas de trapo: ser mujer después de la revolución era, casi, ser nada. Bella niña que ya es una adolescente tiene que lidiar con la sociedad, su familia y con ella misma para encontrarse. La historia aunque muestre una mujer sometida, también muestra una voluntad y un deseo de vivir superior a la de cualquiera. Nunca se rindió y nunca dejó que las circunstancias la hicieran menos. Ella salió adelante y nos narra su historia como un recuerdo de tiempos difíciles pero no imposibles de superar. Trejo finaliza su libro con este relato para mostrar la vida y literatura van de la mano. Así como su bisabuela era hilandera, Trejo hila historias. Él lleva una responsabilidad en sus relatos al dar voces a aquellos que nos acompañaron alguna vez, y dar lugar a nuevos modos de comprender la realidad.

En la luz de sus ojos encontramos cinco relatos que nos altera la existencia porque su material es la vida misma. Son relatos vivos que muestran diferentes etapas y sociedades de la cultura mexicana. Es un tesoro lleno de tradición y originalidad, que después de muchos años seguirá siendo vigente e interesante de leer.

Manifiesto para una filosofía intempestiva en tiempos perecederos

Por Josué Isaak Muñoz Núñez

1. No se necesita un título o un papel para hacer filosofía.

2. Los títulos no reflejan nuestra capacidad para filosofar, sino la capacidad para lograr ciertos objetivos académicos.

3. El filosofar es un modo de vida.

4. No se tiene que filosofar tal como se espera en las academias o grupos de estudio, la filosofía desborda los métodos y autores.

5. La filosofía nace en el individuo, no se puede obligar a nadie a filosofar.

6. Aunque todos pueden aprender sobre filosofía y a filosofar, la filosofía no es para todos, puesto que no todos tienen el impulso a la filosofía.

7. El filósofo es único como el poeta.

8. Hay que hacer de la filosofía un modo de existir intempestivo. Nada es cierto ni falso porque sí.

9. Filosofía y literatura son hermanas, aunque cada una explora la profundidad de la existencia humana de distinto modo.

10. Se puede hacer literatura con filosofía como filosofía con literatura, pero así mismo ambas pueden existir separadas.


11. Los filósofos son compañeros del pensamiento, maestros que filosofaron y plasmaron en escrito su pensamiento, pero no adoctrinadores.

12. Casarse con alguna postura filosófica es la muerte de la filosofía.

13. No existe un solo tipo de filosofía porque no existe un solo modo de filosofar.

14. Filosofar no es sólo para aparentar inteligencia.

15. El filósofo aprende de los demás y los cita por halago o cercanía con el pensamiento del otro, no para encubrir la falta de filosofía.

16. Inteligencia y filosofía no son lo mismo, la filosofía incluso puede estar en un hombre de pocas luces.

17. Aunque no existe un solo modo de filosofar, la filosofía intempestiva no acepta que cualquier pensamiento sea filosófico.

18. La filosofía intempestiva es crítica e inmoral, antes que esclava de lo dado: huye del que dice: “Cada cabeza es un mundo”, “Debes respetar todo pensamiento”, “Cada quien tiene su verdad”

19. Aunque la filosofía intempestiva sea inmoral no acepta la estupidez.
20. La filosofía intempestiva procura evitar aceptar todo y negar todo. Es preferible intentar pensar más allá de lo dado que aceptarlo sin cuestionar.

21. La filosofía intempestiva piensa la moral, la política, el arte, la sexualidad, la vida, consciente de los prejuicios que sustentan la existencia.

22. La filosofía intempestiva puede argumentar por qué suicidarse o cómo vivir feliz.

23. La filosofía intempestiva va contra los lujos y el oropel que rodea a los intelectuales.

24. Hay que evitar ir a la moda del obrar y del pensamiento. Las modas empañan y delimitan a la filosofía.

25. Los intelectuales burgueses ablandan la filosofía, se vuelve un placebo para la sociedad.

26. Hay que apostar por una filosofía que nazca a la intemperie de los medios burgueses. Será una filosofía curtida contra la teleleogía, la teología y las visiones utópicas.

27. La filosofía intempestiva no niega las utopías o un pensamiento revolucionario, pero toma con cuidado las posturas optimistas y negativas, ni idealismo ni nihilismo.

28. Darle gusto a los demás es matar el filosofar. El filósofo debe cuestionarse a sí mismo sin tregua.

29. El intelectual burgués busca el reconocimiento, el filósofo reflexionar. El filósofo muestra lo burdo y ficticio de nuestras creencias: muchos saldrán heridos y se enemistarán con uno.

30. La filosofía no debe ser salvada del capitalismo burdo, sino de los academicistas.

31. El filósofo y la filosofía es temporal, no se apuesta por un pensamiento acabado.

32. Filosofar es un esfuerzo por dislocarnos de nuestra cotidianidad, pero se puede pensar así mismo lo cotidiano.

33. La filosofía es más auténtica cuanto más perplejos nos deja.

Oda a la pop-dredumbre

Escribo con ira y locura

Y con la vergüenza de mi gusto culposo

De aceptar que me gusta el ritmo y la musicalidad de una canción pop.

 

¡Oh misterios de la pena ajena, por qué a mí!

¡Bytes, megas, teras recorriendo el aire

electrificándolo,

Del wifi a la máquina, ondas azuladas

Que penetran la coraza de plástico y metal

Relámpagos de cobre

Con la potencia de mil voltios

Como un rayo que parte un árbol

Inflándola de información y unos y ceros, y unos y ceros

y cero cero cero, notas, acordes, percusiones, voz, canto, coro

que golpean las bocinas,

ondas sonoras que salen disparadas por todo el cuarto

 y la voz de Bieber que dice sorry!

Artista mercantil, imagen del capitalismo, producto de Mtv

Cantante odiado por los hombres y deseado por vírgenes calenturientas

¡Escucho la tonada y  no me creo lo bueno que es!

¡Sorpresa que ceda el repudio y el oído se aclimate!

¡Oh músicos, oh instrumentos, que tonada más pegajosa habéis hecho

Qué canción tan más sincera y melodiosa

Qué puede hacer uno ante tal rola!

¡Artista de voz aurea reconocida por pocos!

¡Voz privilegiada, desperdiciada, viciada y encasillada a un solo género!

¡Oh cielos, qué buena melodía!

¡Tan cabeza hueca que parece Justin!

¡La canción acaricia mi oído

Y flexibiliza mi gusto

Taladra mi cabeza, noquean mi tímpano sus notas!

¡Acordes finos, ritmo hipnotizante, arreglos espectrales, coros malditos!

¡Se licua mi mente al escucharla!

¡Se quiebra el molde del maldito pop comercial!

¡Letra sencilla

Sin soberbia ni altivez

Sin complicaciones ni grandilocuencias

Sincera desde el tuétano!

¡Imagino mujeres enloquecidas, con ojos vidriosos y hombres sonrojados que piden perdón por sus errores!

¡Arjona se queda pendejo con esto: Is it too late to say I’m sorry now ¡

¡Destino-azar, un día aburrido de oír lo mismo,

Prender el spotify y hallarlo ahí, incandescente, numinoso, místico

Irradiando novedad e ironía,

Sarcasmo da la vida

De opuestos que se atraen

Metal-pop

Como el rock y la salsa

El jazz y el reguetón,

Borrachos, todos bailan lo que sea!

¡Oh spotify!

¡O listas sin sentido!

¡Oh dulce, música popular, me rindo ante ti

Ante la lista de éxitos

Ante los más escuchados de México

Ante una canción de Justin Bieber!

¡Oh mundo de contradicciones, donde arte y mercancía se mezclan,

Donde aparentar vale más que vivir!

¡Oh apariencias!

¡Oh creencias!

¡Oh prejuicios!

¡Oh, Tribus urbanas,

ciencia, arte, música, literatura, filosofía, historia, pornografía oh dios qué hemos hecho!

¡No sabíamos lo que hacíamos!

¡Oh, esnobs, Oh poseros, Oh hípsters, me burlo ante su ingenuidad, ante sus vestimentas!

¡Los límites de nuestra mente limita nuestros gustos, nuestra creatividad, nuestro hacer

Nuestra vida!

Me uno ante lo banal, ante lo Kitsch, ante el pop de Bieber y su rola sorry.

¡Grito ante el monitor, me enerva limitarme

Escupo ante lo mainstream

Ante el indie

Ante el rock

Ante el metal

Ante el jazz

Ante el clásico

Ante el reguetón

Ante el rap

Ante el hip-hop

Ante el ska

Ante el diablo y dios

Les escupo y grito

¡Me indigna y me indigno, me quiebra y  me desgarra al expresarles mi IRA!

¡Oh géneros sin sentido!

¡Destruir la soberbia, el intelectualismo, el soberano arte de dividir!

¡No sirven de nada los géneros,

No importan para disfrutarlos

No se puede clasificar la existencia!

¡Ah locura, embriaguez, vino, sexo, música, VIDA!

¡Oh vanidad!

¡Oh ingenuidad, nadie es dueño de nada

Todo es igual de importante

Nada se impone, todo vive dentro de nosotros y vivimos de ello!

 

Vana Felicidad

Por Josué Isaac Muñoz Núñez

A veces quisiera ser feliz. Feliz como el empleado que sale en la noche del trabajo y sabe que llegara a casa y verá a sus hijos. Que se sienta en la mesa y espera ansioso un plato humeante de guisado. Que despide a sus hijos en la cama y espera la caricia negada de su amada. Quisiera ser feliz como aquellos que agotan su vida en el trabajo, que cumplen horas extras: una tras otra sin descanso, con los párpados hechos polvo ante una computadora, llenando formas y datos en la espera de un jugoso cheque. Feliz como los jóvenes que se embriagan y ríen, que se retan y gritan, que pelean y lloran. Feliz como aquel que se endeuda en el banco por celebrar la sonrisa de su hijo o la salud de su madre. Feliz como aquel que mira a través del vidrio anuncios de viajes a islas de arena blanca. Feliz como todos esos seres que dicen ser felices pero que no lo son. Feliz como mi madre o como mi padre, que después de treinta años juntos ya no se toleran. A veces quisiera ser feliz como el obispo o el pastor que los domingos nos dice cómo evitar los pecados y ganarnos el paraíso. Ese sitio pleno de una felicidad amarga. Quisiera ser feliz y tragar plomo, un disparo, dos o tres, no sé, nunca me daría un tiro. Feliz como los políticos o los actores de Hollywood que siempre tienen esa puta sonrisa que les llena la cara. A veces quisiera ser feliz. Arder de alegría. Pero sólo a ratos.