Ella

Cuando mi esposo me dijo que no quería tener hijos no pensé que hablara en serio. Siempre ha sido atento conmigo, cariñoso, educado. Nunca me ha sido infiel, y siempre me ha apoyado. Decía sí a todo lo que deseaba y me escuchaba en todo. Y aunque los dos aportamos económicamente, él nunca ha sido tacaño, el hombre que toda mujer desea. Cuando andábamos por la calle y veía los escaparates con ropita de bebé se los señalaba y él sonriente me decía que sí, que se vería hermoso en nuestro hijo. Pero cuando le dije en serio que quería embarazarme, comenzó a distanciarse. Yo lo besaba e incitaba y me decía, “deja ir por el condón”, yo le decía que sin protección, pero insistía en usarlo. De nada valió que le diera sexo oral, le comprara películas, incluso disfraces de enfermera, colegiala y heroínas, nada. No quería tocarme ya.

—¿Por qué quieres que tenga sexo contigo?—Me dice el extraño del trabajo.

Lo callo y le toco la bragueta.

—Pero…

Le indico que se quite la ropa. Yo también me desnudo, aunque me dejo la ropa interior. Lo miro, y me doy cuenta de lo fácil que fue invitar a alguien que me gustara del trabajo a tener sexo. Nunca pensé llegar a esto.

—He visto que trabajas en el área de contabilidad. Me llamo…

—Cállate. No me interesa eso, sólo quiero tener sexo y ya. Mejor siéntate en la cama.

Me acerco y toco su pelo rizado. Es muy lindo, tiene una cara de niño que me fascina, y unos lindos ojos pequeños, por eso lo elegí.

Me abraza a su cuerpo rollizo que está tibio. Me empuja y me ve fijamente, me pregunta en qué pienso.

—En nada.—le digo. Me toma del pelo y me besa. Me siento a lado de él. Abre una cerveza, “¿quieres?” me pregunta, pero le digo que no puedo meter toxinas a mi cuerpo, que debo cuidarme.

Entra una llamada al celular. Es mi esposo.

—Hola amor, cómo estás…—De inmediato se me ocurre subirme sobre el extraño, su panza me estorba. Me quito el sostén y le coloco un seno en la boca. Le agarro del pelo, me muerde el pezón, eso me encanta. Siento su pene erecto bajo su ropa interior. Comienzo un vaivén lento.

—¡A poco saldrás tarde hoy de nuevo! Bueno, hoy salgo a las nueve, así que yo te llamo. Te quiero­.—cuelgo.

Miro como el extraño mama mi seno. Me quita las bragas, se baja la ropa y me penetra suavemente. Siento su cuerpo dentro de mí. Mientras hago el amor siento que mi vientre se ensancha.

Recuerdo que hace tiempo, cuando mi esposo se fue de viaje, compré una cuna, una tinita hermosa de color verde, dos mamelucos preciosos de figuritas de Disney, tenía la convicción de que con amor y ternura aceptaría. A su llegada me puse un vestido rojo que tanto le excitaba y preparé su comida favorita. Todo iba muy bien, cenamos, bebimos un poco de vino y ya en el cuarto él se atrevió a alzarme la falda, cosa que no hacía, y me hizo el amor muy rico. Cuando terminamos me dijo que ya no habría obstáculos, pues se había hecho la vasectomía. Después de lavarse los dientes durmió plácidamente.

El extraño me pega en las nalgas, le digo que paré, eso no me gusta. No soy tu puta, le digo. Sigo moviéndome, pero me cuesta mucho excitarme: su estómago flácido me incómoda. Cierro los ojos y ahora imagino a mi nene en su cuna nueva, con esos ojitos de sorpresa por todo. Un estremecimiento hace contraer mis muslos y mi vientre. Me inclino para besarlo. Ahora siento en mi matriz la concepción de mi hijo, la unión de mi óvulo y su esperma. Lo siento, lo vivo, mi cuerpo lo sabe.

Me muerde el cuello mientras me acaricia toscamente. “Para; compórtate como un adulto” le digo. Cierro los ojos y veo a mi pequeño, un feto aún informe pero bello para mí. Comienzo de nuevo a moverme. Veo sus ojos, su corazón latiendo, su cuerpo frágil. Me muevo más rápido. Le digo que me muerda los senos. Me siento llena, ancha, lista para dar a luz. Le digo que no pare, estoy a punto de terminar. Ahora imagino mi parto. El cuarto está lleno de luz, observo el rostro sudoroso de los doctores y las miradas sonrientes de las enfermeras. Es una niña me dicen mientras todos aplauden. Me siento demasiado mojada, un flujo intenso que corre entre mis piernas. Siento moverse en mí a mi hijo.

—¡Dame un hijo! ¡Dame un hijo!—le grito. Aprieto su espalda. Me estremezco toda.

Una pequeña convulsión me domina, la sangre se agolpa en mi sien. Siento que alucino pues escucho un bebé que llora. Abro los ojos y veo a Antonio sudoroso, con el cabello mojado y como si estuviera a punto de llorar. Está agotado.

Al terminar todo me pregunta si nos volveremos a ver.

—Tal vez— le respondo mientras busca su ropa.

—Siempre había tenido la fantasía de hacerlo con una compañera de trabajo, pero no pensé que fuera así de rápido y sencillo.

—Cállate. Ya paso lo que tenía que pasar. Luego nos veremos y podremos hablar.

Toma dos cigarros, los prende y me comparte uno pero se lo niego.

—Me enfermaría y eso no es posible ahora.—Le digo, pero me tira de a loca mientras lo apaga. Se sube los calzoncillos blancos.

—Sabes, me gustas así.

—¿Cómo?

No digo nada, no quiero oírlo. Percibo un leve llanto de un niño pequeño. Vuelve a intentar hablar pero le tapo la boca. Escucho a un bebé cerca. Le toco su miembro. Me acuesto y le indico con la mano que me haga suya. Duda pero lo vuelve a intentar.

Sueño que le pongo Eva a mi niña. Sus mejillas son tan suaves y tersas. El extraño se detiene.

—No puedo continuar más. Me estás ignorando.

—Está bien, vete.

Se pone los calzoncillos de nuevo. Me encanta verlo con su ropa interior blanca y su cuerpo rechoncho. Antes de que se acabe de vestir me masturbo.

Se va sin despedirse. Lo bueno es que no lo veré más pues voy a renunciar a mi trabajo. Es por mi maternidad.

Me acuesto y miro al techo. Siento mi vientre y mis senos hincharse, llenarse de leche: estoy preparada para ser madre. Ahora la negativa de mi marido me es tan distante como si hubiera sido una pesadilla.

—Debo hablarme a mi marido, seguro tendrá hambre cuando vuelva a casa.

Marco varias veces pero no me da tono. Me siento pesada, toco mi vientre y me masturbo antes de llamarle.

Vuelvo a marcar y le dejo un mensaje de voz: ya estoy por salir; compraré algo camino a casa, como unos tacos al pastor o una pizza. Te amo, no tardo.

 

 

 

Próximamente la compañía “peritas en dulce” nos sorprenderá con la presentación de su ópera prima La Chica Superrevoltosa

La Chica Superrevoltosa, ópera prima de la compañía Peritas en Dulce, estrenará en Teatro-Bar El Vicio

 

Ciudad de México.- Con el apoyo de Las Reinas Chulas S.A. de C.V., la compañía de teatro cabaret Peritas en Dulce se complace en presentar su ópera prima La Chica Superrevoltosa. La historia de cualquier pueblo “muy, muy lejano” en donde no conviene… Perdón… Donde por-libre-elección los habitantes renuncian al placer, a su identidad, entre otras cosas así de pequeñitas, hasta que una chamaca liosa se entromete. Son cuatro los disparatadxs que, sin decir “agua va”, se dan a la tarea de contárnosla: Emma Vieyra, Sergio Carazo, José Valentín y Uriel León. Ellxs escribieron, gestaron, parieron y actúan este espectáculo bajo el cobijo de Teatro-Bar El Vicio y Las Reinas Chulas, quienes dieron el dulce a estas Peritas para poder cabaretear la mutilación del gozo y (de paso) el de la libertad.

Peritas en Dulce es una joven compañía que presenta su ópera prima en la catedral del cabaret en México. Sus integrantes son egresadxs de las principales escuelas de teatro de la CDMX. El género los reunió en 2016 en el Taller de Cabaret que imparten año con año las maestras Cecilia Sotres (Las Reinas Chulas) y Paola Izquierdo, en el Teatro Helénico.

La Chica Superrevoltosa estrena el 3 de junio en Teatro-Bar El Vicio (Madrid #13, entre Aldama y Centenario, col. Del Carmen, Coyoacán), presentándose todos los domingos del mes a las 19:00hrs. Tiene una duración de dos horas aproximadamente, con un intermedio de diez minutos. La iluminación del espectáculo corre a cargo de Alita Escobedo, con la asistencia de Paris Ramos; el diseño de imagen es de Cynthia Gutiérrez, el diseño de logo es de Jaime González Solís y las fotografías son de David Ospitia.

El precio del boleto es de $200 M/N, con 30% de descuento a estudiantes, maestrxs e INAPAM, el cual se hace válido directamente en taquilla una hora antes de la presentación mostrando las credenciales vigentes. La preventa de boletos se puede realizar a través de http://www.elvicio.com.mx, dehttps://boletopolis.com y en la taquilla del teatro hasta un día antes del evento, en horario de martes a sábado de 12 a 20 horas, contando con un 15% de descuento. El lugar cuenta con vallet parking.

Brody

Son 45 pesos del libro, brody. Era de mi biblioteca personal, de cuando estudiaba en el CCH Naucalpan. Ahí tengo más sólo que no los he sacado. Mira, en ese entonces nos hacían leer un chingo, carnal. Te calificaban con participación y disertaciones, pero para ello necesitabas saber, no sólo hablar a lo pendejo. Te cuento que yo fui de la generación del 77, otro pedo. Recuerdo que teníamos una maestra bien chula que nos daba comunicación y nos decía, que a su clase se venía a estudiar no a marihuanearse, ya afuera uno podía ponerse hasta la madre. Uno tenía que estar al tiro.

En ese entonces, compré un buen de libros. Iba con los vendedores y les decía “hazme un descuento, ¿no?” y ellos me preguntaban “¿cuáles te vas a llevar?”, y yo de, “este, ese, aquel y este también”, “ya estás”, me decían y sobres pues. Un libro te costaba 300 o 500 pesos y tenía más ceros la moneda, era todo un lujo.
Antes el sistema era bien pesado, brody. La tira llegaba y te golpeaba, aunque no estuvieras haciendo nada. Llegaban y tras, tras, y luego te decían “¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas?” y uno decía, “pues por ahí hubiera empezado, no mames”. Te golpeaban y luego preguntaban, tenías que ponerte a las vivas, estar vergas. Cuando te dejaban ir y te decían “Ya váyase joven”, uno se las recordaba: “Gracias, oficial: chingue su madre”, y le hacías güevos sutilmente. “Hola señito, buenas tardes, cuidado donde pisas pequeñito, adiós.”

Por ejemplo, estábamos en la calle y veías a la tira en la otra esquina y tenías que moverte. Era la época del desmadre. En la escuela nos ensañaban lo que era la cultura, entre comillas, y la contracultura. En esa época me uní a unos grupos de protesta. En las reuniones escolares mandábamos a chingar a su madre al sistema pero con bases. Los profes te decían, “pónganse vergas”, y te daban las armas: los libros, la educación. Yo no quería dinero sino conocimiento. Sacaba copias y les decía a mis compañeros “quieren copias, pues cáiganle”, juntaba una lana, compraba el libro y les daba las copias. Sí, o sino luego yo pasaba por los salones veía que habían dejado una mochila y a ver, si traía libros pues los tomaba, y ya luego la colgaba en la cafetería, “aquí la dejo por si vienen por ella”, les decía. Había otros que veían la mochila y decían presta y tomaban todo, pero yo para qué quería plumas, cuadernos, no, lo que yo quería eran libros.

Te digo, lo importante era conocer para mandar a la chingada al sistema. En ese tiempo, y hoy todavía, era que si un poli te molestaba pues le cantabas un tiro. Le decías, “Pues qué, un tiro, tú y yo, así solos, con tu uniforme, no importa, si me madreas chido si yo te madreo no vayas de coñón” Sí, brody, un tiro limpio para ver de qué cueros salen más correas. Porque luego van por refuerzos y ya vienen todos de putos, y eso no es justo. Es lo que falta ahora en México, alguien que sepa dirigir, alguien que se alce y diga tú por acá, tú por allá y tú allá. Que nos pongamos vergas, porque nos están jodiendo los diputados, lo gobernadores, los alcaldes. Es ponernos al tiro, y pues saber que uno puede valer madres, no nada de “es que mi familia”, es levantarse y organizarnos.

Espera, que me están llamando. “Sí, bueno, ajá. Va, ahora voy.” Es mi vieja. Bueno, entonces luego pasas, yo abro como a las once, vienes y te paso otros. El otro día le compré unos como… mil libros a una señorita, que según su tío, creo, es catedrático de la UNAM y se fue a Europa, algo así. Espera, me están llamando de nuevo. “Sí ya, qué no escuchaste bien. Ahora te marco.” Cómo chingan. Ya pues, que la morra me preguntó que si compraba libros y yo pues sí, fui a su cantón y no ma, un chingo de libros: doce cajas bien atascadas armé. Con decirte que cuando las iba a subir al carro unas se desfondaron.

Si es bien bonito leer. De los que me traje encontré el de las Mil y una noches, chulada de libro, brody. Ya ves que la historia va de que al rey lo sanchan y que por odio a su primera esposa se casa con una para luego matarla, y luego vuelve a casarse con otra y la vuelve a matar, hasta que llega esta chava y le pide a su padre que es ayudante del rey que se lo presente para salvar a su hermana que se casará con él. Y ya llega y le empieza a contar historias para que no la maten, ¿no? Y ya al final de tantos cuentos que le cuenta, el rey la deja vivir.

Es bien bonito leer, brody. Volveré a hacerlo como antes ahora que arreglé mis lentes. Al chile, al que le guste chido, y al que no, pues ni modo. Espérame. “Bueno—cómo joden—, sí ya voy”. Bueno nos vemos, brody, que mi vieja me anda esperando.

Un gato muerto

Hace tiempo, cuando tenía doce años, me encontré un gato muerto. Estaba entre dos arbustos, arriba de la acera. Tenía los ojos abiertos y amarrillos. La boca semiabierta y las patas delanteras estiradas. Me sentía muy agitado, era una mañana muy calurosa. Lo moví con mi pie, estaba rígido como de piedra. No sé por qué, pero al verlo ahí entre la tierra y el pasto me dio ganas de recogerlo. Espanté las moscas que le rodeaban y lo cargué. Lo abracé fuertemente y lo llevé a casa.

En cuanto entré se lo enseñé a mi madre. Ella no entendía, me gritó que lo tirara a la calle. Tuve que huir antes de que lo metiera en una bolsa negra.

Regresé al parque con el cuerpo entre mis brazos, me pesaba como una losa. Al llegar, comencé a buscar un claro entre los árboles, para que le diera sombra y luz a su tumba. Cuando encontré el lugar perfecto puse el cuerpo en el suelo. Cavé con mis manos una pequeña fosa. Removí raíces y piedras. Al tenerla lista moví al cuerpo con cuidado, lo coloque lentamente al fondo.
Al ver al gato ahí, en el fondo, quieto, no supe qué hacer. En esa misma semana dejé de creer en dios y no sabía qué decir. Lo mejor que se me ocurrió fue enterrarlo sin discurso, pero no quería. Sentía que algo faltaba. Cogí un puño de tierra y mientras se lo echaba le dije, disculpa a la persona que te haya atropellado. Tomé mas tierra y dije, doy gracias por la buena persona que te levantó de la acera y colocó en el parque. Tomé un poco más y le dije, disculpa a mi madre por haberte tratado como basura. Miré fijamente al cuerpo por bastante tiempo. Sentía que algo me faltaba. Terminé de enterrarlo, emparejé la tierra y dibujé una cruz en la tierra.
De inmediato, regresé a casa. No me había dado cuenta que ya había atardecido. Traía la ropa sucia de pelo, sangre y tierra. Un olor a podredumbre me acompañó todo el camino.

Llegué al anochecer. Al entrar, y cuando mis padres vieron mi ropa sucia y mis manos ensangrentadas me castigaron. Cerré con llave mi cuarto, no quería saber nada ni escuchar a nadie. Ese día no pude dormir. Me acosté sin cambiarme y esperé que amaneciera.

Reseña literaria de “En la luz en sus ojos”

Por Josué Isaac Muñoz Núñez

Hay algunos que piensan que la literatura es un escape de la realidad, un oasis al cual recurrir en los momentos de pesadumbre. Sin embargo, la literatura es mucho más que eso. La literatura no surgió para huir de la existencia, sino para comprenderla.

Javier Trejo en su libro “En la luz de sus ojos” 2015 ediciones Romel, nos muestra que la literatura no se aparta de la realidad sino que la asume y juega con ella. Trejo toma temas cotidianos como los rompimientos amorosos, una cena navideña e incluso la historia del origen de nuestros padres, y lo vuelve literatura. Asume la responsabilidad de que literatura y vida están vinculados, y que escribir es un acto arraigado a la existencia humana.

Con un estilo ligero y ameno, Trejo nos narra cinco historias donde se entrelaza el desamor, la traición, la esperanza y la venganza. Narraciones que nos hablan del monstruo que habita dentro de nosotros y entre nosotros; de lo relativo del tiempo y la memoria; de la narración dentro de la narración y la espera ansiada; de los celos, la venganza y el amor no correspondido; de los giros que da la vida y lo cerca que estamos de encontrar la felicidad.

En el primer relato hallamos la historia de un hombre que nos narra cómo fue caer del idilio y encontrar que nuestra vida está llena de ficciones en las que no sabemos quién es el monstruo del cuento. Una ingeniosa y mordaz inversión del Dr. Jekyll and Hyde, ¿Quién es el monstruo de la historia? ¿Cómo lo identificamos? Se puede entrever que el relato marca que nuestra vida se divide en dos: la persona que mostramos a los demás y lo que somos. No queremos vernos, olvidamos nuestro ser, lo resguardamos bajo mentiras que nos decimos a nosotros y a los demás. Olvidamos quiénes somos, no nos gusta hablar de ello. Asunto que el protagonista invierte pues sufre de una revelación al ver que lo que amaba no era tan bello. El relato nos cuenta la situación espiritual y corporal del protagonista, donde se ve que ya ha aceptado su condición y da cuenta que él no es el monstruo de la historia.

En el segundo relato encontramos que el tiempo y la memoria juegan un papel fundamental para la historia. Ambos elementos definen la vida de una joven enamorada e ilusionada. Ilusión que la hace retroceder en sus pasos hasta encontrarse con el suceso en que la esperanza deviene ilusión y se vuelve un paliativo para evitar la realidad. Ese deseo de no querer desvanecer las ensoñaciones pues es lo que nos hace continuar viviendo.

En el tercer relato vemos la figura del hombre que busca su lugar dentro de la familia, el retorno al hogar y a las raíces. Relato que nos muestra que la literatura oral, como en tiempos homéricos, contiene un aspecto mágico, de ritual, en el cual la gente rodea al poeta y lo escucha atentamente como si fuera a develar una gran verdad. El hombre para participar y ganarse su lugar en la comunidad debe contar un cuento que sea de su pura imaginación porque sus sobrinos ya conocen todos los cuentos que ha leído el protagonista. Pero también se observa cómo funciona la narrativa dentro de la narrativa tal como lo hizo Shakespeare y mostró en su Hamlet al teatro dentro del teatro. Lo importante no es el cuento que se contará dentro de la historia, sino todo lo que sucede alrededor del personaje y los motivos que lo llevan a contar el cuento.

En el cuarto relato nos encontramos con un México actual. Aunque las cinco historias transcurren en México, en éste y el quinto relato es donde se hace más obvio el lugar de la narración. Un México violento, crudo, desganado y reprimido. Relato que contiene un remolino de pasiones y deseos irrealizables: la frustración. Vemos en este relato una mujer que desea ser libre, pero para serlo debe dejar su situación de fémina: no es débil, no es un objeto, no es un premio. Ella sabe que es imposible que las cosas fueran de otro modo, está consciente de lo imposible de su amor. Dice ella que gusta de coleccionar hábitos y recursos, dentro de esos recuerdos hay una que no la deja libre. Da cuenta de lo difícil que olvidar, pero es consciente de que los fantasmas de la memoria sólo son un obstáculo para su libertad.

En el último relato encontramos una historia que va de la guerra cristera a los comienzos del México moderno y urbano. El relato se desarrolla en los paisajes de Oaxaca, Puebla y la ciudad de México. Relato que narra la historia de María Luisa: mujer-niña que nos recuerda que el país tiene grabado machismo en toda su historia. La historia está inspirada por  la vida misma de la bisabuela del autor. Es una historia cruda y sin mezcla de ideología: su fin es narrar un fragmento de vida y mostrarla tal cual es o era. Por lo que muestra una María Luisa como mujer sin voz ni voluntad; incluso en el relato se ve que olvida su nombre, incluso también se ve reflejada en las muñecas de trapo: ser mujer después de la revolución era, casi, ser nada. Bella niña que ya es una adolescente tiene que lidiar con la sociedad, su familia y con ella misma para encontrarse. La historia aunque muestre una mujer sometida, también muestra una voluntad y un deseo de vivir superior a la de cualquiera. Nunca se rindió y nunca dejó que las circunstancias la hicieran menos. Ella salió adelante y nos narra su historia como un recuerdo de tiempos difíciles pero no imposibles de superar. Trejo finaliza su libro con este relato para mostrar la vida y literatura van de la mano. Así como su bisabuela era hilandera, Trejo hila historias. Él lleva una responsabilidad en sus relatos al dar voces a aquellos que nos acompañaron alguna vez, y dar lugar a nuevos modos de comprender la realidad.

En la luz de sus ojos encontramos cinco relatos que nos altera la existencia porque su material es la vida misma. Son relatos vivos que muestran diferentes etapas y sociedades de la cultura mexicana. Es un tesoro lleno de tradición y originalidad, que después de muchos años seguirá siendo vigente e interesante de leer.

Manifiesto para una filosofía intempestiva en tiempos perecederos

Por Josué Isaak Muñoz Núñez

1. No se necesita un título o un papel para hacer filosofía.

2. Los títulos no reflejan nuestra capacidad para filosofar, sino la capacidad para lograr ciertos objetivos académicos.

3. El filosofar es un modo de vida.

4. No se tiene que filosofar tal como se espera en las academias o grupos de estudio, la filosofía desborda los métodos y autores.

5. La filosofía nace en el individuo, no se puede obligar a nadie a filosofar.

6. Aunque todos pueden aprender sobre filosofía y a filosofar, la filosofía no es para todos, puesto que no todos tienen el impulso a la filosofía.

7. El filósofo es único como el poeta.

8. Hay que hacer de la filosofía un modo de existir intempestivo. Nada es cierto ni falso porque sí.

9. Filosofía y literatura son hermanas, aunque cada una explora la profundidad de la existencia humana de distinto modo.

10. Se puede hacer literatura con filosofía como filosofía con literatura, pero así mismo ambas pueden existir separadas.


11. Los filósofos son compañeros del pensamiento, maestros que filosofaron y plasmaron en escrito su pensamiento, pero no adoctrinadores.

12. Casarse con alguna postura filosófica es la muerte de la filosofía.

13. No existe un solo tipo de filosofía porque no existe un solo modo de filosofar.

14. Filosofar no es sólo para aparentar inteligencia.

15. El filósofo aprende de los demás y los cita por halago o cercanía con el pensamiento del otro, no para encubrir la falta de filosofía.

16. Inteligencia y filosofía no son lo mismo, la filosofía incluso puede estar en un hombre de pocas luces.

17. Aunque no existe un solo modo de filosofar, la filosofía intempestiva no acepta que cualquier pensamiento sea filosófico.

18. La filosofía intempestiva es crítica e inmoral, antes que esclava de lo dado: huye del que dice: “Cada cabeza es un mundo”, “Debes respetar todo pensamiento”, “Cada quien tiene su verdad”

19. Aunque la filosofía intempestiva sea inmoral no acepta la estupidez.
20. La filosofía intempestiva procura evitar aceptar todo y negar todo. Es preferible intentar pensar más allá de lo dado que aceptarlo sin cuestionar.

21. La filosofía intempestiva piensa la moral, la política, el arte, la sexualidad, la vida, consciente de los prejuicios que sustentan la existencia.

22. La filosofía intempestiva puede argumentar por qué suicidarse o cómo vivir feliz.

23. La filosofía intempestiva va contra los lujos y el oropel que rodea a los intelectuales.

24. Hay que evitar ir a la moda del obrar y del pensamiento. Las modas empañan y delimitan a la filosofía.

25. Los intelectuales burgueses ablandan la filosofía, se vuelve un placebo para la sociedad.

26. Hay que apostar por una filosofía que nazca a la intemperie de los medios burgueses. Será una filosofía curtida contra la teleleogía, la teología y las visiones utópicas.

27. La filosofía intempestiva no niega las utopías o un pensamiento revolucionario, pero toma con cuidado las posturas optimistas y negativas, ni idealismo ni nihilismo.

28. Darle gusto a los demás es matar el filosofar. El filósofo debe cuestionarse a sí mismo sin tregua.

29. El intelectual burgués busca el reconocimiento, el filósofo reflexionar. El filósofo muestra lo burdo y ficticio de nuestras creencias: muchos saldrán heridos y se enemistarán con uno.

30. La filosofía no debe ser salvada del capitalismo burdo, sino de los academicistas.

31. El filósofo y la filosofía es temporal, no se apuesta por un pensamiento acabado.

32. Filosofar es un esfuerzo por dislocarnos de nuestra cotidianidad, pero se puede pensar así mismo lo cotidiano.

33. La filosofía es más auténtica cuanto más perplejos nos deja.

Oda a la pop-dredumbre

Escribo con ira y locura

Y con la vergüenza de mi gusto culposo

De aceptar que me gusta el ritmo y la musicalidad de una canción pop.

 

¡Oh misterios de la pena ajena, por qué a mí!

¡Bytes, megas, teras recorriendo el aire

electrificándolo,

Del wifi a la máquina, ondas azuladas

Que penetran la coraza de plástico y metal

Relámpagos de cobre

Con la potencia de mil voltios

Como un rayo que parte un árbol

Inflándola de información y unos y ceros, y unos y ceros

y cero cero cero, notas, acordes, percusiones, voz, canto, coro

que golpean las bocinas,

ondas sonoras que salen disparadas por todo el cuarto

 y la voz de Bieber que dice sorry!

Artista mercantil, imagen del capitalismo, producto de Mtv

Cantante odiado por los hombres y deseado por vírgenes calenturientas

¡Escucho la tonada y  no me creo lo bueno que es!

¡Sorpresa que ceda el repudio y el oído se aclimate!

¡Oh músicos, oh instrumentos, que tonada más pegajosa habéis hecho

Qué canción tan más sincera y melodiosa

Qué puede hacer uno ante tal rola!

¡Artista de voz aurea reconocida por pocos!

¡Voz privilegiada, desperdiciada, viciada y encasillada a un solo género!

¡Oh cielos, qué buena melodía!

¡Tan cabeza hueca que parece Justin!

¡La canción acaricia mi oído

Y flexibiliza mi gusto

Taladra mi cabeza, noquean mi tímpano sus notas!

¡Acordes finos, ritmo hipnotizante, arreglos espectrales, coros malditos!

¡Se licua mi mente al escucharla!

¡Se quiebra el molde del maldito pop comercial!

¡Letra sencilla

Sin soberbia ni altivez

Sin complicaciones ni grandilocuencias

Sincera desde el tuétano!

¡Imagino mujeres enloquecidas, con ojos vidriosos y hombres sonrojados que piden perdón por sus errores!

¡Arjona se queda pendejo con esto: Is it too late to say I’m sorry now ¡

¡Destino-azar, un día aburrido de oír lo mismo,

Prender el spotify y hallarlo ahí, incandescente, numinoso, místico

Irradiando novedad e ironía,

Sarcasmo da la vida

De opuestos que se atraen

Metal-pop

Como el rock y la salsa

El jazz y el reguetón,

Borrachos, todos bailan lo que sea!

¡Oh spotify!

¡O listas sin sentido!

¡Oh dulce, música popular, me rindo ante ti

Ante la lista de éxitos

Ante los más escuchados de México

Ante una canción de Justin Bieber!

¡Oh mundo de contradicciones, donde arte y mercancía se mezclan,

Donde aparentar vale más que vivir!

¡Oh apariencias!

¡Oh creencias!

¡Oh prejuicios!

¡Oh, Tribus urbanas,

ciencia, arte, música, literatura, filosofía, historia, pornografía oh dios qué hemos hecho!

¡No sabíamos lo que hacíamos!

¡Oh, esnobs, Oh poseros, Oh hípsters, me burlo ante su ingenuidad, ante sus vestimentas!

¡Los límites de nuestra mente limita nuestros gustos, nuestra creatividad, nuestro hacer

Nuestra vida!

Me uno ante lo banal, ante lo Kitsch, ante el pop de Bieber y su rola sorry.

¡Grito ante el monitor, me enerva limitarme

Escupo ante lo mainstream

Ante el indie

Ante el rock

Ante el metal

Ante el jazz

Ante el clásico

Ante el reguetón

Ante el rap

Ante el hip-hop

Ante el ska

Ante el diablo y dios

Les escupo y grito

¡Me indigna y me indigno, me quiebra y  me desgarra al expresarles mi IRA!

¡Oh géneros sin sentido!

¡Destruir la soberbia, el intelectualismo, el soberano arte de dividir!

¡No sirven de nada los géneros,

No importan para disfrutarlos

No se puede clasificar la existencia!

¡Ah locura, embriaguez, vino, sexo, música, VIDA!

¡Oh vanidad!

¡Oh ingenuidad, nadie es dueño de nada

Todo es igual de importante

Nada se impone, todo vive dentro de nosotros y vivimos de ello!

 

Vana Felicidad

Por Josué Isaac Muñoz Núñez

A veces quisiera ser feliz. Feliz como el empleado que sale en la noche del trabajo y sabe que llegara a casa y verá a sus hijos. Que se sienta en la mesa y espera ansioso un plato humeante de guisado. Que despide a sus hijos en la cama y espera la caricia negada de su amada. Quisiera ser feliz como aquellos que agotan su vida en el trabajo, que cumplen horas extras: una tras otra sin descanso, con los párpados hechos polvo ante una computadora, llenando formas y datos en la espera de un jugoso cheque. Feliz como los jóvenes que se embriagan y ríen, que se retan y gritan, que pelean y lloran. Feliz como aquel que se endeuda en el banco por celebrar la sonrisa de su hijo o la salud de su madre. Feliz como aquel que mira a través del vidrio anuncios de viajes a islas de arena blanca. Feliz como todos esos seres que dicen ser felices pero que no lo son. Feliz como mi madre o como mi padre, que después de treinta años juntos ya no se toleran. A veces quisiera ser feliz como el obispo o el pastor que los domingos nos dice cómo evitar los pecados y ganarnos el paraíso. Ese sitio pleno de una felicidad amarga. Quisiera ser feliz y tragar plomo, un disparo, dos o tres, no sé, nunca me daría un tiro. Feliz como los políticos o los actores de Hollywood que siempre tienen esa puta sonrisa que les llena la cara. A veces quisiera ser feliz. Arder de alegría. Pero sólo a ratos.